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Archive for 23 julio 2008

En un comentario anterior mencionábamos que el Plan de la Nación 2007-2013 cambió significativamente de nombre entre la primera y la segunda versión, sin haber cambiado su contenido. La primera versión, con fecha 29 de septiembre de 2007, se titula así:

Pero seis meses después, en marzo de 2008, apareció en la página web del Ministerio del Poder Popular para la Planificación con el siguiente título:

¿Qué había pasado en esos seis meses? Entre otras cosas, que el proyecto de reforma constitucional, que pretendía otorgar una base legal a la construcción del socialismo del siglo XXI en Venezuela, fue rechazado. ¿Y cuál es la respuesta? Reafirmar el plan, y ahora insistir explícitamente en su carácter socialista. O en otras palabras, si no les gustó la medicina, tomen una ración doble.

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En su primer capítulo, el “Primer Plan Socialista” esboza un diagnóstico de la sociedad venezolana y sus habitantes. Plantea que:

“…parte de la constatación de una realidad cuyos rasgos dominantes son:
• La confrontación entre un viejo sistema (el capitalismo) que no ha terminado de fenecer, basado en el individualismo egoísta, en la codicia personal y en el afán de lucro desmedido, y un nuevo sistema (el Socialismo) que está naciendo y cuyos valores éticos, como la solidaridad humana, la realización colectiva de la individualidad y la satisfacción racional de las necesidades fundamentales de hombres y mujeres, se abre paso hacia el corazón de nuestra sociedad.”

Como dijimos en un comentario anterior, en este discurso la base del capitalismo no es, como en los análisis marxistas, la historia, ni las fuerzas productivas o las relaciones de producción, sino un conjunto de actitudes colectivas y “personales”. Asimismo, no se trata de una lucha entre clases “objetivamente determinadas” lo que derrocará al poder establecido, sino que, como la flecha de Cupido en una tarjeta cursi, los valores del socialismo “se abre[n] paso hacia el corazón de nuestra sociedad”.
Y en cuanto al contenido de estos valores, si bien la solidaridad es más o menos comprensible, pero muy imprecisa, ¿Qué significa “la realización colectiva de la individualidad”? ¿Quién define lo que es una satisfacción “racional” y cuáles las necesidades “fundamentales”? Pareciera que se pretende basar un proyecto de sociedad en “valores” o en una “ética” que se cree evidente por sí misma, para la cual términos como solidaridad, individualidad, racionalidad y necesidad son tan obvios que no necesitan ser problematizados.

Continuando el diagnóstico de la sociedad venezolana, se hace notar:

“• El estado en el cual permanece un número importante de venezolanos, por lo mismo, imposibilitados de satisfacer sus necesidades primarias y desarrollar la espiritualidad inherente a toda persona.”

Parece estarse diciendo que, si una persona no ha satisfecho sus necesidades primarias, no puede desarrollar la “espiritualidad”, sea lo que signifique este término. Después de mencionar rasgos como “El terrible lastre capitalista de la sub-cultura de la corrupción y el soborno”; y “El uso y la promoción de la violencia psicológica y material que los medios de comunicación utilizan…” se plantean algunos desafíos para el proyecto, de los cuales hoy solamente analizaremos uno:

“a. La necesaria superación positiva de la miseria y la pobreza material y espiritual que garantice la realización de la ética y no su anulación.
Está claro que el estado de necesidad permanente anula cualquier posibilidad real del ser ético.”

Esta última expresión resulta asombrosa en un texto que se pretende “de izquierda” y “revolucionario”. Invirtiendo la concepción de Marx según la cual el proletariado, precisamente por “no tener nada que perder salvo sus cadenas”,  tenía en sí la posibilidad de ser el sujeto alternativo por excelencia, la pobreza real,  concreta, venezolana de hoy carece de “cualquier posibilidad real del ser ético”. Con lo que se termina coincidiendo con los sectores más conservadores, según los cuales pobreza es sinónimo de delincuencia y de carencia de “valores”.

Pero un problema adicional de esta concepción es que subordina el potencial de “espiritualidad” (podríamos decir mejor, de libertad, de autonomía, de humanidad) de las personas a la satisfacción de las necesidades materiales, abriendo el paso a la conocida coartada que durante muchos años usaron las dictaduras totalitarias: es prioritario que la gente satisfaga sus necesidades materiales, y si para ello hay que sacrificar la autonomía de las personas y sus libertades cívicas, su capacidad de pensar por sí mismas, pues se sacrifican. Después de todo, ¿Para qué necesitarían esas libertades, si no está a su alcance “cualquier posibilidad real del ser ético”? Para ser éticos están los gobernantes revolucionarios, cuyas necesidades materiales, casualmente, siempre están muy bien resueltas, lo que les permite alcanzar las cumbres de la ética y la espiritualidad.

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El primer capítulo del Plan Socialista, titulado “Nueva ética socialista” se inicia planteando que:
“La plena realización del Socialismo del Siglo XXI que estamos inventando y que sólo será posible en el mediano tiempo histórico, pasa necesariamente por la refundación ética y moral de la Nación venezolana. Tal refundación supone un proyecto ético y moral que hunde sus raíces en la fusión de los valores y principios de lo más avanzado de las corrientes humanistas del Socialismo y de la herencia histórica del pensamiento de Simón Bolívar. Su fin último es la suprema felicidad para cada ciudadano. La base de este objetivo fundamental descansará en los caminos de la justicia social, la equidad y la solidaridad entre los seres humanos y las instituciones de la República”.

Puede verse claramente que el autor o los autores del documento no dudan de la necesidad de refundar a la Nación, es decir, no sólo al Estado, a las instituciones, a la economía, sino, como lo entiende el DRAE, “conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”. Es decir, somos los ciudadanos mismos los que vamos a ser “refundados”, ya que nuestras características éticas y morales, al parecer, no son compatibles con las exigencias de ese Socialismo del Siglo XXI que “estamos inventando”. Pero nuestra refundación es el medio indispensable para que podamos acceder a “la suprema felicidad”, por lo cual sería absurdo e irracional oponernos a que se nos refunda, es decir, a que se cambie a estos ciudadanos actuales, con sus vicios y defectos heredados del capitalismo, por “hombres nuevos”, que serán compatibles con las instituciones y valores de ese socialismo que se está inventando.
Como no es la primera vez que se pretende aplicar este tipo de proyectos, son bastante conocidas sus dificultades para moldear a las personas sin que éstas se rebelen, prefiriendo viejos vicios “capitalistas” como el pensar por sí mismos y organizarse libremente. Tras una de las primeras protestas contra el régimen que se produjeron en Alemania oriental en 1953, Bertolt Brecht escribió su famoso poema “La Solución”, que anticipaba las dificultades para imponer un régimen totalitario a una nación:
La solución
Tras la sublevación del 17 de Junio,
La Secretaria de la Unión de Escritores
Hizo repartir folletos en el Stalinallee
Indicando que el pueblo
Había perdido la confianza del gobierno
Y podía ganarla de nuevo solamente
Con esfuerzos redoblados. ¿No sería más simple
En ese caso para el gobierno
disolver el pueblo
Y elegir otro?

Quizás lo que nos está diciendo el Plan de la Nación es que el actual régimen ha perdido (o nunca ha tenido) confianza en el pueblo y por eso debe disolverlo (refundarlo) para crearse un “hombre nuevo” que obedezca a su nueva ética.
En próximas entregas seguiremos analizando el texto del Primer Plan Socialista de Venezuela y sus pretensiones de “refundar la nación” desde una “ética socialista”.

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Aunque en todos los gobiernos y regímenes políticos hay una mayor o menor distancia entre el discurso y la acción, para comprenderlos es necesario conocer ambos. Si bien es la acción lo que en definitiva marcará el carácter de un régimen, el discurso con el que pretende justificarse explica las referencias teóricas e ideológicas de los gobernantes, así como los vacíos y puntos ciegos de su pensamiento. Pero además permite contrastar sus políticas reales con sus intenciones manifiestas, para exigirles coherencia con su propio discurso.
Hoy comenzamos el análisis de uno de los documentos centrales en los cuales el actual régimen pretende sustentar su acción: las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación para el período 2007 – 2013. (En su nueva versión disponible en la página Web del Ministerio del Poder Popular para la Planificación y el Desarrollo (http://www.mpd.gob.ve/Nuevo-plan/plan.html), se llama ahora “Proyecto Nacional Simón Bolívar,  Primer Plan Socialista -Pps- Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013”).  Este documento plantea explícitamente la orientación del país hacia el socialismo del siglo XXI, por lo que es la expresión más explícita y elaborada hasta ahora de ese fantasmal proyecto.

El primer capítulo del Plan se denomina “Nueva Ética Socialista”. Ya esto es en sí mismo llamativo, porque difícilmente pueda encontrarse en el mundo otro plan  de desarrollo que parta de la “ética” y no de un diagnóstico del país que se pretende planificar. Sin embargo, es necesario aclarar que este documento no es en realidad un Plan, con información y proposiciones concretas de políticas públicas específicas para lograr sus objetivos, sino simplemente una exposición de las orientaciones más generales que deberían concretarse, en un futuro previsible, en la forma de un verdadero Plan de la Nación.

El papel central que la ética tiene en este documento puede prestarse, naturalmente, a la denuncia del enorme contraste entre el discurso y la realidad de una corrupción extensa, cotidiana e impune en todos los niveles del actual gobierno. Pero más allá del asombro que produce este contraste, es necesario tratar de comprender qué significa este discurso en el proyecto estratégico del régimen actual.

Uno de los aspectos más interesantes de este primer capítulo es que no se apoya en el clásico discurso marxista “objetivista”, según el cual el capitalismo estaría condenado por sus propias contradicciones, sino que enfatiza mucho más la condena moral: pareciera que el problema del capitalismo no es que sea económicamente  irracional y condenado a desaparecer por las contradicciones “objetivas” entre fuerzas productivas y relaciones de producción,  sino que sus bases son inmorales: egoísmo, codicia, etc. Y por eso el socialismo es “sinónimo” de la construcción del hombre nuevo, porque “si nosotros mismos no nos cambiamos, de nada valdría cambiar la realidad exterior”. ¿Qué significa, en el contexto del proyecto político e ideológico chavista, esta preocupación por la ética? ¿Será que se dan cuenta de la fragilidad de las bases teóricas del socialismo del Siglo XXI? ¿Será que creen necesario este discurso porque sintoniza con sus bases? Es cierto que la izquierda, y sobre todo la izquierda radical, siempre ha sentido una superioridad moral sobre sus enemigos, en la medida en que defiende a los más débiles, promueve la solidaridad, el compartir, etc. Pero esta superioridad también se acompañaba de una creencia muy firme en la verdad irrebatible de sus teorías y diagnósticos. En cambio, este discurso pareciera reconocer que ahora, para legitimar un proyecto político, el recurso a la ciencia, la razón y la objetividad ha perdido su impacto, y por eso apela a la confrontación moral entre el bien y el mal.
En un próximo comentario, iremos citando y analizando este discurso “espiritualista” que pretende fundar el socialismo en la ética y no en la necesidad histórica.

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