¿De qué se habla cuando se menciona a la “sociedad civil”?

El concepto de sociedad civil, como muchos de uso cotidiano, está sujeto a diversas interpretaciones; se le puede ver, desde el punto de vista de la filosofía política, como uno de los componentes normativos de la “buena sociedad” o del “buen gobierno”, y en este sentido es una especie de ideal al que la realidad empírica se aproxima más o menos (generalmente, menos que más). Pero, desde el punto de vista de la sociología y de la ciencia política, puede ser considerado como una categoría de objetos (y sujetos) sociales empíricamente observables, caracterizados por ser organizaciones con características específicas que los distinguen de otras organizaciones de las sociedades modernas, como las empresas, los partidos políticos, los gobiernos y los Estados. Aunque el debate sobre lo que serían estas características sigue y seguirá abierto, porque la sociedad civil va cambiando junto con todas las estructuras sociales, hay algunos consensos mínimos acerca de lo que distingue a las organizaciones de la sociedad civil de otros tipos de organizaciones. En forma muy sintética y quizás simplificando en exceso, pueden mencionarse las siguientes:

1- La sociedad civil moderna se diferencia de los “segmentos” que componen a las sociedades premodernas, porque consiste en conjuntos ampliamente diversos de asociaciones voluntarias, constituidas por individuos libres, y garantizadas por un moderno Estado de Derecho. Esta distinción es importante para evitar una asimilación entre organizaciones de la sociedad civil y “comunidades” de adscripción.

2- La sociedad civil no es lo mismo que “la sociedad” ni que “el conjunto de la población” ni “todo lo que no es el Estado”. Es un conjunto de organizaciones que actúan en la esfera de lo público, pero no con el fin de acumular capital (como las empresas) o controlar directamente el poder del Estado (como los partidos políticos), sino el de expresar necesidades, intereses, puntos de vista, identidades diversas y dispersas que no caben en los marcos unificadores de la racionalidad económica o de la igualdad abstracta de los ciudadanos individuales.

3- En tercer lugar, la sociedad civil depende de condiciones contextuales específicas, como la existencia de un mercado, de una noción moderna de individuo separado de sus adscripciones primarias, de un marco jurídico al menos liberal, y preferiblemente liberal-democrático. Estas son precondiciones necesarias pero no suficientes, puesto que la formación de los actores que en su conjunto constituyen la sociedad civil estará sometida a coyunturas históricas específicas. En este sentido, la sociedad civil sería, no sólo un “lugar” social, sino un espacio de construcción de la sociedad por ella misma. Sin negar el rol del Estado ni el de la política, ella aportaría una de las dimensiones constituyentes de la modernidad: la autonomía de los sujetos, no solamente como individuos que intercambian bienes y servicios en los mercados, ni como ciudadanos en el espacio político, ni como sujetos de un Estado, sino en la densidad de su multiplicidad de roles sociales.

4- Para que pueda existir y desarrollarse una sociedad civil, el Estado debe saber limitar su poder: en una sociedad donde el Estado pretenda ser el agente único de las decisiones, no puede existir sociedad civil. A la autolimitación del Estado corresponde la autonomía de las organizaciones de la sociedad civil. Esta autonomía no significa aislamiento, puesto que la sociedad civil  está en contacto permanente con la política y el Estado. Lo que significa es diferenciación clara de los actores de uno y otro ámbito, y de sus formas de acción.

5- Finalmente, la sociedad civil forma parte del “imaginario constitutivo” de las sociedades modernas, que necesitan creerse compuestas por sujetos activos y no simplemente por individuos determinados por la necesidad, representada en lo moderno por el mercado.  La idea de sociedad civil es uno de estos imaginarios constitutivos, así como la idea de Estado supone (aunque este supuesto nunca se realice plenamente en la práctica) que existe un ente que representa a toda la sociedad y puede actuar en su nombre. Esto explica por qué no existe contradicción entre el individualismo jurídico y económico de la sociedad moderna y la idea de sociedad civil. La acción colectiva se produce a través de la libre voluntad; y la voluntad colectiva es producto de un proceso de asociación y deliberación entre individuos libres.

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