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Archive for 18 enero 2014

marcadosPensamos que en términos estratégicos, no hay incapacidad ni irracionalidad instrumental en la mayor parte de las políticas de estos gobiernos. Avanzar hacia el socialismo, hacerlo irreversible, no es posible sin destruir el capitalismo, es decir, hacerlo inviable. Toda la política económica de los últimos años ha sido consistente con este fin: se trata de ir asfixiando lentamente a la empresa privada, controlando sus precios, limitándole el acceso a los insumos y bienes de capital, encareciendo la mano de obra e impidiéndole los despidos por cualquier razón, expropiándola arbitrariamente y sin compensación; finalmente, destruyendo la moneda y convirtiéndola de hecho en no convertible. ¿Que esto ha implicado un alto costo social y va a implicar uno todavía mayor? No importa, porque es parte del objetivo. Cuando la gente, desesperada, trate de rebelarse, no habrá posibilidad de protestar, ni de regresar a una economía de mercado; será la oportunidad de profundizar aún más el socialismo de miseria.

Naturalmente, las capacidades de gestión en el vasto aparato estatal que ha construido el actual régimen son variables. Pero no se puede negar que algunos de los altos jerarcas (tanto venezolanos como sus asesores cubanos) son inteligentes y hábiles para lograr sus fines, como lo era Chávez, aunque uno esté en desacuerdo con ellos. Otro factor que produce una impresión de incapacidad es el desvío de fondos para repartir a otros países, para las campañas electorales o para el simple enriquecimiento personal. Muchas veces las políticas no se ejecutan o los proyectos no se terminan simplemente porque los fondos desaparecieron, y no por una especial incapacidad de la gestión.

Es cierto que el socialismo de tipo soviético termina por fracasar tarde o temprano dadas sus limitaciones intrínsecas, la mayoría de las veces sin siquiera haber llegado al poder. Pero en algunos casos, que en el siglo XX lograron abarcar a un tercio de la población mundial, logra imponerse sobre la sociedad y se hace tan difícil de desalojar que dura décadas en el poder, destruyendo millones de vidas a su paso.

La caracterización del régimen venezolano actual es en gran parte una tarea por hacer. Por eso es necesario profundizar en algunos temas y aspectos que requieren más discusión, como los siguientes:

1- La palabra “socialismo” tiene muchas acepciones. Al hablar de “socialismo de miseria” nos referimos al modelo cubano de origen soviético, porque, independientemente del grado de desarrollo relativo de las diferentes economías que lo han practicado, tiene algunos rasgos comunes como centralización de la economía, monopolio de un partido único, fusión Estado-partido-sociedad-fuerzas armadas, monopolio de los medios de comunicación, y otros aspectos. En el caso de Venezuela, el rentismo petrolero ha sido un medio favorable para acumular el poder, porque ha facilitado el modelo de dominación a partir del monopolio estatal de los medios de producción.

2-Tanto Chávez como sus herederos han tomado como modelo, más aún, se han subordinado, al régimen cubano. Aunque un marxista “humanista” negaría la condición de “socialista” de ese régimen, el hecho es que se trata de uno de los modelos de socialismo, el que pretende ser una etapa para llegar al comunismo. El hecho de que existan en esos regímenes corrupción, grandes desniveles de ingreso, relaciones mercantiles toleradas o ilegales, no impide que su discurso legitimador sea el del socialismo, entendido en los términos del grupo dominante, es decir, dictadura del partido camuflada como dictadura del proletariado. En ese sentido, aunque el régimen cubano sea, desde el punto de vista de las “relaciones de producción” muy diferente al de sus modelos europeos o asiáticos, su modelo de dominación, por cierto muy eficaz, es el bolchevique.

3- A pesar de la existencia de espacios y prácticas “capitalistas” parciales en esos regímenes, el núcleo estratégico para el grupo en el poder es el control total sobre la vida de los habitantes y su movilización permanente, como han destacado los estudiosos del totalitarismo. Los autoritarismos no comunistas del siglo XX, como las dictaduras latinoamericanas, reprimían a sus enemigos y desmovilizaban a la población, en lugar de movilizarla hacia una utopía.

La tesis que hemos manejado en otros trabajos (que pueden verse en este blog) es que el actual régimen venezolano es un autoritarismo electoral, pero lo es porque no ha podido implantar el modelo totalitario, o porque tiene una estrategia de irlo implantando gradualmente, para disminuir las resistencias. Es bien conocido el debate acerca de si tal o cual régimen ha sido plenamente totalitario (algunos años del nazismo, algunos del estalinismo y del maoísmo, casi nadie se lo atribuye al fascismo). Un híbrido interesante, y que ya tiene mucha influencia en Venezuela, es el régimen chino, que va transitando al capitalismo sin ceder en lo más mínimo el monopolio del partido y el control de los medios de comunicación. La trampa en la podríamos encontrarnos es terminar por aceptar un modelo tipo chino porque es “menos malo” que el cubano.

En todo caso, los planes explícitos y las políticas a desarrollar por el gobierno en los próximos meses y años deberán ser analizadas para detectar qué dirección está imprimiendo a la sociedad venezolana.

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