¿QUÉ FUE DE LOS INTELECTUALES DE IZQUIERDA? DEL ENTUSIASMO REVOLUCIONARIO AL ESCEPTICISMO POLÍTICO (II, III y IV).

(Terminemos con el contexto de una vez, para poder pasar a la narración).

II. Revolución y decepción

xx-congresoLas apostasías frente al marxismo no son nada nuevo, sobre todo después de la llegada al poder de sus representantes más radicales, quienes construyeron un modelo de revolución a partir de la experiencia bolchevique y, con variantes, lo fueron aplicando en sociedades muy diversas. Ya en la década de los treinta comenzaron a aparecer voces de antiguos entusiastas del experimento soviético que, decepcionados, denunciaron el contraste entre la propaganda y la situación real del pueblo que se creía redimido. Algunos, como Trotsky, renegaron del estalinismo manteniéndose fieles al marxismo; pero muchos vieron en esa forma de totalitarismo las consecuencias inevitables de la teoría marxista. El proceso se aceleró a partir del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, cuando se escuchó de la propia boca del máximo jerarca del socialismo mundial la confirmación de los rumores que, hasta entonces, los comunistas rechazaban como invenciones del enemigo.

Sin embargo, la revelación de los crímenes del régimen sirvió para echar toda la responsabilidad sobre los hombros de un individuo, Stalin. Así, los intérpretes soviéticos de una teoría que da prioridad a los procesos objetivos de la historia y a la acción colectiva le hicieron sufrir una extraña contorsión para no tener que reconocer que la tiranía que denunciaban tenía bases materiales e institucionales “objetivas”, y por lo tanto no podía ser obra de un solo hombre.

hungary-56-armed-workersAl trauma de las revelaciones de Kruschev se añadió el de la insurrección húngara de octubre del mismo año, cuya despiadada represión mostró que los herederos repudiaban al causante, pero no la herencia, la cual no dudaron en conservar a sangre y fuego; este nuevo golpe al mito de la superioridad moral del socialismo marxista sobre el capitalismo produjo una nueva erosión de su prestigio, que no fue mayor porque el contexto de la Guerra Fría logró contener hasta cierto punto la disidencia interna en los partidos comunistas, que temían ser acusados de colaboración con la OTAN, la CIA y otros símbolos de la ferocidad del imperialismo. Sin embargo, muchos de los dirigentes comunistas que habían asistido al malhadado congreso volvieron a sus países con una fisura en la coraza de convicciones que hasta entonces les había permitido vivir en un mundo coherente, cerrado y movido por una fe inquebrantable en el futuro comunista de la humanidad. Gradualmente, y en especial desde los años sesenta, se fueron diversificando las interpretaciones nacionales del marxismo, y disminuyó la autoridad antes indiscutida de la URSS en la interpretación de los textos sagrados; la ruptura china y el eurocomunismo fueron apenas dos manifestaciones de esta diversidad, a la cual contribuyeron, hacia el final de esa década, los movimientos juveniles y la extrema izquierda de inspiración maoísta, muchas veces tan críticos de la ortodoxia soviética como de las instituciones del Estado capitalista. Las disidencias como el trotskismo y el anarquismo, que habían languidecido durante varias décadas, vieron crecer su influencia, probando que se podía ser marxista, e incluso comunista radical, sin formar parte de la Iglesia soviética. En este sentido, el redescubrimiento de la obra de Gramsci y la revalorización del concepto de hegemonía proporcionaron una base de apoyo a quienes exploraban vías no rupturistas al socialismo.

III. El huracán revolucionario y su espejismo

Mientras tanto, en una América Latina subordinada a uno de los polos de la Guerra Fría, los partidos comunistas luchaban entre la ilegalidad y la indiferencia de su teórica base de apoyo, la clase obrera, en muchos países seducida por los populismos y reformismos nacionalistas. A veces enfrentados, a veces aliados con los partidos “progresistas”, veían la llegada al poder como una aspiración casi inimaginable en el corto plazo, dado el estrecho control que ejercían los Estados Unidos sobre la dinámica política de la región. Sin embargo, también se había consolidado una fuerte influencia del marxismo sobre sectores intelectuales como profesores universitarios, artistas, escritores y periodistas, que le daban una influencia mayor que la esperable de esos partidos minúsculos; incapaces de lograr la hegemonía sobre la clase obrera, dependían paradójicamente de estos sectores pequeñoburgueses para tener presencia en el debate político.

Como suele suceder, un hecho inesperado cambió las referencias del pensamiento y la acción marxistas en América Latina: la revolución cubana rompió todas las expectativas de las izquierdas y derechas de la región, al mostrar que era posible un cambio radical de orientación primero nacionalista-populista, pero que rápidamente evolucionó hacia un marxismo que en aquel momento parecía irreverente por desafiar la ortodoxia comunista, caracterizada por la obediencia a las orientaciones globales del PCUS, según las cuales la tarea prioritaria era defender a la Unión Soviética como cuna del socialismo y el futuro comunismo, amenazada por las fuerzas reaccionarias de los EEUU y su instrumento mortal, la OTAN.Fidel Castro and Osvaldo Dorticós.

La revolución cubana contribuyó a revivir la pasión revolucionaria aprendida en los libros y las luchas cotidianas, haciendo creer que la toma del poder y la superación del capitalismo estaban más cerca de lo que se creía; pero también acarreó profundas divisiones, tanto en los partidos comunistas como en los reformistas que alojaban en su seno a sectores radicales. La admiración sin límites (y quizás la envidia) que provocaban la revolución cubana y sus dirigentes llevó en forma natural a la imitación de un proceso exitoso convirtiéndolo en un modelo infalible para olvidar tantos años de pasividad.

La exitosa guerrilla cubana, en la que se impuso la acción audaz de una vanguardia sobre un ejército formal sin justificación teórica más allá de reivindicaciones nacionalistas y populistas, se iba a convertir, paradójicamente, en una fuente inagotable de polémicas teóricas que pusieron en cuestión algunas premisas básicas del marxismo ortodoxo: la base obrera (especialmente, la urbana) de la revolución, el carácter indispensable de un partido comunista para guiar a esa clase hacia la toma del poder, la subordinación del aparato armado al partido, y la orientación teórica del marxismo procesado y digerido por la Academia de Ciencias de la URSS.

IV. Las minorías poderosas: derrotas y virajes

Más allá de la evolución interna del poder revolucionario y de la sociedad cubana en general, de los cuales ignoro casi todo, me interesa el impacto intelectual que tuvo la revolución en la izquierda latinoamericana y especialmente en la venezolana; pero al mismo tiempo, me llama la atención el impacto desproporcionado que tuvieron pequeñas élites políticas e intelectuales sobre esas sociedades, donde llegaron a desafiar al poder establecido, a pesar de no contar, en la mayoría de los casos, con bases reales de apoyo popular. Esta desproporción entre el arraigo social y el impacto político reafirma, por una parte, que en determinadas coyunturas las minorías apasionadas e ideologizadas pueden afectar, quizás más negativa que positivamente, a las sociedades donde actúan; y que el control de ciertas instituciones claves, como la educación y la cultura, por esas élites puede ser la fuente de transformaciones políticas significativas. Sin embargo, y paradójicamente, el marxismo ortodoxo podría reclamar su reivindicación al constatar que (con la sola excepción de Nicaragua) ninguno de los procesos revolucionarios emprendidos como consecuencia e imitación del caso cubano tuvo éxito en tomar el poder, ratificando así que, si bien lograron desestabilizar, en algunos casos gravemente, las estructuras de poder reinantes, no fueron capaces de construir la nueva sociedad a la que aspiraban.

Podría explicarse, en buena medida, la pérdida de hegemonía (aunque no de activa presencia) del marxismo en los medios intelectuales de muchos países de América Latina como una consecuencia de esta derrota continental. El choque de las premisas inspiradas por la revolución cubana con una realidad que se resistía a someterse a las teorías no podía menos que sacudir la confianza en las propias bases intelectuales de la acción pretendidamente transformadora. Claro que era posible, y muchos tomaron esa vía, regresar parcialmente a la ortodoxia y tratar allendede acercarse al poder en el marco de las instituciones democrático-liberales, con el fin de impulsar la transformación revolucionaria utilizando los recursos del Estado “burgués”.
Pero también surgieron corrientes más eclécticas, que trataron de combinar las aspiraciones igualitarias del socialismo con el respeto a la legalidad y las instituciones existentes, entre ellas el mercado, como formas graduales, evolutivas y pacíficas de aproximarse a una sociedad menos desigual, a la manera de los países socialdemócratas más avanzados. Finalmente, otros fueron más allá y se convirtieron en defensores del capitalismo, el mercado y las instituciones liberales, renegando abiertamente de su pasado marxista. Las circunstancias específicas de cada país dieron matices diferentes a estos procesos, lo que hace difícil generalizar explicaciones sobre este viraje gradual desde una intelectualidad predominantemente marxista en los años sesenta y setenta, a una pluralidad de corrientes que abarca todo el espectro de las izquierdas y derechas.

Las páginas siguientes describen, como hemos anunciado, sólo una experiencia subjetiva entre muchas, que pueda contribuir a una reflexión comparativa con las de otros latinoamericanos que vivieron situaciones y opciones semejantes.

Continuará… en unos días, para no cansar.

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2 comentarios en “¿QUÉ FUE DE LOS INTELECTUALES DE IZQUIERDA? DEL ENTUSIASMO REVOLUCIONARIO AL ESCEPTICISMO POLÍTICO (II, III y IV).”

  1. Creo que la experiencia Chavista que no es, ni ha sido otra cosa, que la utilización por sectores del poder del instrumento caudillismo-militarismo- para darle continuidad a su control sobre lA RENTA,, al identificar el desgaste de la Política Puntofijista y aparecer en el escenario de la sociedad, expresiones criticas en torno a la hegemonia de la propuesta liberal-democrática desarrollada al ser derrotada la administración Perezjimenista.
    La intelectualidad critica (radical) que emergió de las luchas de la década de 1950-60, en sus mayoría no era marxista, era solo liberales radicales (MIR, URD, IC), sobre los cuales influyó e forma avasallante la experiencia cubana, generando un fenómeno de agitación que conmovió al universo juvenil estudiantil de la nación, que fue el sector que puso los combatientes.y los muertos.
    Ese universo critico-radical (liberal. democrático en su mayoría) fue derrotado, pero no fue destruido, la apertura democrática de los sectores del poder gobernantes, permitió el retorno a la vida política de una buena parte de los militantes insurgentes de la época. Y se dedicaron a sus múltiples tareas, pero una buena parte de ellos no comprendió nunca la magnitud de los errores cometidos (de vanguardismo e incluso de militarismo). Y en le desgaste del proyecto liberal PuntoFijista, el reconcomio, el despecho de los antiguos derrotados, a lo cual debe sumarse la desaparición del la URSS, le permite al Chavismo integrarlos por la vía del MESÍAS a su política.
    Finalmente, hoy, solo hay derrota para ellos, siguen aún muchos, sin comprender la catástrofe del Proyecto socialista burocrático y autoritario que se construyó en la URSS, pero también en Cuba, en silencio admiten la magnitud de sus errore, pero están moralmente derrotados, por lo que se trata de la provisión a futuro de una nueva intelectualidad critica.
    Freddy Carquez

    1. Muchas gracias por su excelente comentario, Sr. Carquez. La cuestión acerca de si se comprendía la teoría marxista o simplemente se tenía una visión superficial de ella es un tema importante para discutir.

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