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Archive for the ‘Cuba’ Category

marcadosPensamos que en términos estratégicos, no hay incapacidad ni irracionalidad instrumental en la mayor parte de las políticas de estos gobiernos. Avanzar hacia el socialismo, hacerlo irreversible, no es posible sin destruir el capitalismo, es decir, hacerlo inviable. Toda la política económica de los últimos años ha sido consistente con este fin: se trata de ir asfixiando lentamente a la empresa privada, controlando sus precios, limitándole el acceso a los insumos y bienes de capital, encareciendo la mano de obra e impidiéndole los despidos por cualquier razón, expropiándola arbitrariamente y sin compensación; finalmente, destruyendo la moneda y convirtiéndola de hecho en no convertible. ¿Que esto ha implicado un alto costo social y va a implicar uno todavía mayor? No importa, porque es parte del objetivo. Cuando la gente, desesperada, trate de rebelarse, no habrá posibilidad de protestar, ni de regresar a una economía de mercado; será la oportunidad de profundizar aún más el socialismo de miseria.

Naturalmente, las capacidades de gestión en el vasto aparato estatal que ha construido el actual régimen son variables. Pero no se puede negar que algunos de los altos jerarcas (tanto venezolanos como sus asesores cubanos) son inteligentes y hábiles para lograr sus fines, como lo era Chávez, aunque uno esté en desacuerdo con ellos. Otro factor que produce una impresión de incapacidad es el desvío de fondos para repartir a otros países, para las campañas electorales o para el simple enriquecimiento personal. Muchas veces las políticas no se ejecutan o los proyectos no se terminan simplemente porque los fondos desaparecieron, y no por una especial incapacidad de la gestión.

Es cierto que el socialismo de tipo soviético termina por fracasar tarde o temprano dadas sus limitaciones intrínsecas, la mayoría de las veces sin siquiera haber llegado al poder. Pero en algunos casos, que en el siglo XX lograron abarcar a un tercio de la población mundial, logra imponerse sobre la sociedad y se hace tan difícil de desalojar que dura décadas en el poder, destruyendo millones de vidas a su paso.

La caracterización del régimen venezolano actual es en gran parte una tarea por hacer. Por eso es necesario profundizar en algunos temas y aspectos que requieren más discusión, como los siguientes:

1- La palabra “socialismo” tiene muchas acepciones. Al hablar de “socialismo de miseria” nos referimos al modelo cubano de origen soviético, porque, independientemente del grado de desarrollo relativo de las diferentes economías que lo han practicado, tiene algunos rasgos comunes como centralización de la economía, monopolio de un partido único, fusión Estado-partido-sociedad-fuerzas armadas, monopolio de los medios de comunicación, y otros aspectos. En el caso de Venezuela, el rentismo petrolero ha sido un medio favorable para acumular el poder, porque ha facilitado el modelo de dominación a partir del monopolio estatal de los medios de producción.

2-Tanto Chávez como sus herederos han tomado como modelo, más aún, se han subordinado, al régimen cubano. Aunque un marxista “humanista” negaría la condición de “socialista” de ese régimen, el hecho es que se trata de uno de los modelos de socialismo, el que pretende ser una etapa para llegar al comunismo. El hecho de que existan en esos regímenes corrupción, grandes desniveles de ingreso, relaciones mercantiles toleradas o ilegales, no impide que su discurso legitimador sea el del socialismo, entendido en los términos del grupo dominante, es decir, dictadura del partido camuflada como dictadura del proletariado. En ese sentido, aunque el régimen cubano sea, desde el punto de vista de las “relaciones de producción” muy diferente al de sus modelos europeos o asiáticos, su modelo de dominación, por cierto muy eficaz, es el bolchevique.

3- A pesar de la existencia de espacios y prácticas “capitalistas” parciales en esos regímenes, el núcleo estratégico para el grupo en el poder es el control total sobre la vida de los habitantes y su movilización permanente, como han destacado los estudiosos del totalitarismo. Los autoritarismos no comunistas del siglo XX, como las dictaduras latinoamericanas, reprimían a sus enemigos y desmovilizaban a la población, en lugar de movilizarla hacia una utopía.

La tesis que hemos manejado en otros trabajos (que pueden verse en este blog) es que el actual régimen venezolano es un autoritarismo electoral, pero lo es porque no ha podido implantar el modelo totalitario, o porque tiene una estrategia de irlo implantando gradualmente, para disminuir las resistencias. Es bien conocido el debate acerca de si tal o cual régimen ha sido plenamente totalitario (algunos años del nazismo, algunos del estalinismo y del maoísmo, casi nadie se lo atribuye al fascismo). Un híbrido interesante, y que ya tiene mucha influencia en Venezuela, es el régimen chino, que va transitando al capitalismo sin ceder en lo más mínimo el monopolio del partido y el control de los medios de comunicación. La trampa en la podríamos encontrarnos es terminar por aceptar un modelo tipo chino porque es “menos malo” que el cubano.

En todo caso, los planes explícitos y las políticas a desarrollar por el gobierno en los próximos meses y años deberán ser analizadas para detectar qué dirección está imprimiendo a la sociedad venezolana.

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Liliana Ortega (COFAVIC), Feliciano Reyna (SINERGIA) Rafael Uzcátegui (PROVEA)

Por una significativa coincidencia, en los últimos días se han presentado a la opinión pública nacional e internacional dos documentos con el título de “Pronunciamiento”. Esta palabra tiene connotaciones de activismo, de preparación y sobre todo de advertencia a quienes va dirigido, anunciando que se está dispuesto a respaldar las palabras con acciones. Y tan contundente es, que en España hubo a lo largo de los años tantos “pronunciamientos” militares que la palabra perdió su apellido para convertirse en sinónimo de alzamiento militar. Sin embargo, no estamos hablando de ese tipo de pronunciamiento, sino de los que provisionalmente se limitan a las palabras, pero anuncian su disposición a ir más allá de ellas.

El “Pronunciamiento de organizaciones de sociedad civil venezolanas”, firmado por 111 organizaciones y seis redes de diversos campos de acción,  puede ser leído en su totalidad en la excelente página “entrelaces”:  http://www.entrelaces.org/noticias.php?accion=3&noticia=1975.

Sin repetir su contenido, podemos destacar que el documento defiende la autonomía de las organizaciones de la sociedad civil y su derecho a recibir fondos de donantes nacionales e internacionales sin que ello implique complacencia hacia los donantes ni identificación con sus orientaciones políticas; asimismo  expresan su “más enérgico rechazo a las campañas de desprestigio y descalificación contra nuestra labor, así como a cualquier práctica o sentencia que impida o restrinja nuestro derecho a promover y defender los derechos humanos.” Pero también solicitan al poder público “Abrir canales de comunicación e interlocución con las organizaciones de sociedad civil para la búsqueda conjunta de caminos que hagan realidad la plena vigencia de los derechos humanos y el ejercicio de las libertades democráticas en Venezuela.” De esta forma, combinan la defensa frontal de su autonomía con la oferta de diálogo, a pesar de los innumerables ataques que vienen sufriendo muchas organizaciones por parte del gobierno.

El segundo documento, titulado “Pronunciamiento de la Central de Trabajadores de Cuba” no podía ofrecer un contraste mayor con el primero. Publicado en los principales medios de comunicación cubanos, (por ejemplo: http://www.granma.cu/espanol/cuba/13-septiembre-pronunciamiento.html) expresa formalmente la posición de los representantes de los trabajadores cubanos frente a las reformas económicas que se están poniendo en práctica en ese país. Sin embargo, más parece una copia casi literal de los discursos del presidente Raúl Castro al referirse al mismo tema. La idea del sindicato como expresión de intereses específicos de los trabajadores se disuelve en la necesidad de cumplir con los objetivos planteados por el gobierno, aun si ello implica el despido del 10% de la fuerza laboral de la isla. Se convierte así la CTC, no sólo en seguidora y repetidora sumisa de la línea oficial, sino en agente activo de la zafra de empleos.

Así, la CTC anuncia (y nadie duda de su disposición a cumplir su palabra) que:

“El éxito del proceso que ahora se inicia dependerá del aseguramiento político que desde el movimiento sindical y bajo la dirección del Partido los dirigentes sindicales demos previamente a las acciones que se deben emprender, y del consenso social que alcancemos sobre la pertinencia económica y política de este paso. Estas medidas de disponibilidad laboral buscan la identificación de las plazas que no resultan indispensables y la reubicación en otro puesto de trabajo donde sea necesario y posible o la reorientación laboral de los trabajadores que las ocupan.”

Bajo el manto del enrevesado lenguaje burocrático, los trabajadores entenderán que el sindicato le hará el favor al Estado-patrono de identificar a los empleados sobrantes, aliviándole así de la penosa responsabilidad por esta política “salvaje” de despidos masivos que debe estar cumplida  para el primer trimestre de 2011. Pero ¿acaso este adelgazamiento del aparato estatal se traducirá en mejoras salariales para los trabajadores que quedan? ¿Exigirán sus “representantes” algún tipo de compensación para los afectados? Veamos qué dice la Central:

“Todo este proceso se efectuará sobre bases y normas nuevas y se modificará el actual tratamiento laboral y salarial para los disponibles e interruptos, [sí, dice “interruptos”] pues ya no será posible aplicar la fórmula de proteger o subsidiar salarialmente de forma indefinida a los trabajadores.” […]

Un asunto de singular importancia lo constituye el salario. Hay que revitalizar el principio de distribución socialista, de pagar a cada cual según la cantidad y calidad del trabajo aportado. Los sistemas de pago por resultado, aplicados en centros con plantillas mejor ajustadas, continuarán siendo la vía para elevar la productividad y como consecuencia de ello, el ingreso de los trabajadores.”

El sindicato respalda así la reafirmación de la productividad laboral, al más puro estilo capitalista, como criterio para la remuneración, dejando para quién sabe qué tiempo la forja del “hombre nuevo” que respondería a incentivos morales.

En síntesis, el “Pronunciamiento” de la CTC es la mejor muestra de lo que ocurre cuando se permite que el Estado sustituya a la sociedad civil diversa, autónoma y en ejercicio de sus derechos ciudadanos por una pseudo-sociedad civil que esconde, bajo las formas legitimadas por el tiempo, los tentáculos del poder totalitario.

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