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Por Luis Gómez Calcaño y Nelly Arenas

Un primer ejemplo de la tensión entre la unicidad a la que aspira el proyecto y la diversidad de sus componentes es el intento frustrado de crear al PSUV como partido único de la revolución. Poco después de su victoria en las elecciones de 2006, Chávez anunció la creación de dicho partido, al que convocaba a todos sus aliados a unirse, con el argumento de que los partidos dividían al pueblo, ya que sus votos en realidad eran “de Chávez” y no de ellos. Algunos, como Podemos, el PPT y el PCV se mostraron reticentes a renunciar a su identidad política y organizativa; la respuesta de Chávez fue acusar a estas organizaciones de potenciales aliados de la oposición y por lo tanto cercanos a la traición. La posibilidad de contar con aliados autónomos y con cierta capacidad de crítica no era imaginable. Los partidos que se negaron a disolverse pagaron un alto precio: perdieron posiciones de poder cuando buena parte de sus gobernadores, alcaldes y diputados desertaron para incorporarse al PSUV.

Tanto PODEMOS como, más gradualmente, el PPT se fueron acercando a posiciones opositoras, mientras el PCV, a pesar de las descalificaciones y la división inducida de la que fue objeto, se mantuvo como aliado casi incondicional, lo que le ha permitido sobrevivir. No ocurrió lo mismo con los dos primeros, ya que al acercarse la campaña electoral de 2012 se estimularon nuevas divisiones en ambos partidos, impulsadas por grupos partidarios del presidente. A nadie sorprendió que el Tribunal Supremo de Justicia decidiera a favor de estos grupos, con lo que las siglas y símbolos de ambos partidos pasaron a engrosar la alianza electoral oficialista. Uno de los métodos característicos de los autoritarismos competitivos, el uso de poderes nominalmente independientes para perseguir a la oposición por medios formalmente legales, se volcaba ahora sobre los antiguos aliados.

La meta de unificar al chavismo en un solo partido fue lentamente abandonada. Actualmente, algunos de los pequeños partidos que habían aceptado disolverse para integrarse al PSUV siguen existiendo y forman parte de la nueva alianza electoral, el Gran Polo Patriótico, pero carecen de autonomía o son irrelevantes. ¿Fue entonces el intento de crear el partido único un fracaso para Chávez? No necesariamente, si se considera que el resultado del proceso fue intensificar su control personal sobre el movimiento y sus aliados, mostrarles el costo potencial de la pretensión de autonomía, y ratificar que son imposibles “terceras vías” entre la incondicionalidad absoluta y el pase a la oposición, es decir, a la traición. La misma retórica utilizada para concentrar el poder frente a la sociedad se aplicó hacia el interior del movimiento.

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“Hay un desfase entre confianza hacia Chávez y sus proyectos”
“A muchos les cuesta reconocer que hay partidos que sólo existen por los medios de comunicación”

El sociólogo Luis Gómez Calcaño es profesor-investigador en el Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Invita, en una larga conversación, a tener presentes los antecedentes políticos para comprender porqué llegamos a esta coyuntura.

Dice que estamos en camino de un régimen autoritario (sultanismo) que, tras el debilitamiento de los mecanismos de distribución de la renta petrolera y el agotamiento del discurso presidencial, se sustentará en la tercera “pata” que mantiene al régimen: la represión y la amenaza. Le preocupa que, como en Cuba, cuando la mayoría tome conciencia de la realidad, sea demasiado tarde para rebelarse porque no habrá capacidad de acción política.

–¿Cómo se puede caracterizar actualmente al régimen?

-Desde el proyecto original de Chávez a su carácter actual hay un cambio muy grande. Nelly Arenas y yo caracterizamos al régimen con rasgos de “sultanismo”. Ese es un concepto de Max Weber. Es un tipo de régimen autoritario sin ideología consistente, a diferencia de los totalitarismos. El eje del comunismo es crear un régimen a largo plazo sobre una doctrina sistemática (el marxismo-leninismo). En esos sistemas, cuando desaparece el fundador, el régimen no desaparece. En el caso de Venezuela todo depende de una persona que está por encima de las leyes. Chávez y la mayor parte de los chavistas saben que este régimen no puede subsistir sin él y por eso la desesperación por aprobar la enmienda.

-Eso le da al régimen mucha inestabilidad

-Veamos lo que pasa en la Asamblea Nacional (AN). Ellos tienen una posición de apoyo incondicional y se van metiendo en un callejón sin salida. Hay una carrera por ver quién interpreta mejor el pensamiento oculto de Chávez. Pero esto pasa también porque desde el 98 hay lo que Guillermo O’Donell ha llamado “democracia delegativa”. La mayoría de los venezolanos no simplemente eligieron a Chávez como un presidente sino que le dieron un cheque en blanco. Hay gente descontenta por muchas razones, pero como ocurrió hasta 1998, no hay una alternativa y, mientras siga así, mucha gente seguirá con Chávez. Pero hay un desfase en la confianza hacia Chávez y la identificación con los proyectos de transformación social que él impulsa. La gente está a favor de la propiedad privada, de la libertad educativa, de la pluralidad y hay una brecha que va aumentando. Chávez puede pensar: “Si la gente me sigue aceptando yo puedo llevarlos a que acepten lo que yo digo”. Pero esa transferencia no es fácil.

-El Gobierno apela más al miedo que a la lealtad.

-En Europa oriental hubo primero una especie de democracia pluralista y finalmente se impuso el sistema totalitario. Algo así ha pasado aquí: llegaron al Ejecutivo y, a partir de ahí controlaron el Legislativo, Judicial, Electoral. Ese proyecto está avanzando. Yo creo que existe la viabilidad para que aquí se implante esa mezcla de sultanismo con totalitarismo. Cuenta con toda la institucionalidad del Estado y capacidad de coerción respaldada por el aparato judicial y policial. Un perfecto ejemplo fue el caso contra Manuel Rosales.

-¿Y qué se puede hacer?

-La única posibilidad que yo veo de que ese proyecto no se cumpla está en las contradicciones internas del chavismo, que son crecientes en la AN y en el PSUV. En la medida en que los que mandan cometan errores, los resentidos se los van a cobrar. También pueden ayudar a resistir las organizaciones sociales de base que ya existían antes del chavismo. Ahora, tampoco hay que hacerse la ilusión de que porque hay más frustración la gente se va a volver más opositora. Puede pasar como en Cuba, que la gente pasa hambre pero perdió toda capacidad de acción política. Sólo los muy valientes se atreven. El punto en el que podría apoyarse la oposición es en el descontento por la frustración de las expectativas, pero la última encuesta de IVAD dice que una pequeña mayoría siente todavía que está mejor ahora que hace unos años.

-¿Dónde se dio antes esa mezcla de sistemas?

-Están Belarús y Nicaragua. Son regímenes que formalmente siguen siendo democráticos, pero acorralan a la oposición. Ese es un fenómeno que viene pasando en el mundo desde los años 90: existen partidos pero no pueden hacer oposición, existe el voto pero no vale.

-¿Cuba no?

-No, Cuba es distinto. Por la Constitución sólo puede haber un partido. Es más totalitarismo, con algo de sultanismo.

-Vamos a contracorriente del mundo ¿qué nos pasa?

-Hay una paradoja terrible, porque las élites económicas, intelectuales y políticas están todas contra Chávez. Los intelectuales chavistas de cierto peso son poquísimos y ¿cómo es que Chávez lleva 10 años ganando? Eso tiene que hacer reflexionar. Es verdad que estamos en desventaja, que usan mecanismos ilegítimos, pero ¿cómo no logramos determinar qué pasa? Chávez logró legitimar al Estado y a la política, que venían del desprestigio de los años 90 y aunque él sigue teniendo un discurso antipolítico, vendió la idea de que el Estado puede favorecer la vida de la gente. La idea de estar siempre en contra de Chávez le ha impedido a la oposición ver el punto de vista de los que se han sentido incluidos por él.

-¿Qué me dice de la responsabilidad ciudadana?

-Muchos venezolanos sí han asumido responsabilidad y la han pagado muy caro. Los botados de Pdvsa, los de la lista de Tascón, los voluntarios de los firmazos. El ciudadano común está preocupado por sobrevivir, por conservar su empleo, que no lo maten. Otros, gracias al boom petrolero, tratan de aprovechar al máximo. Y el Gobierno se ha encargado de dejar muy claro que el costo de participar es muy alto. Ahí está la sentencia contra los comisarios de la PM. Un nuevo paso, y muy grave, es el caso de las cuñas de Cedice que instaura el delito de opinión.

-¿Qué nos espera?

-La tendencia al empobrecimiento es clarísima. La destrucción de Pdvsa sigue avanzando y ellos han hecho al país todavía más dependiente del petróleo. En 2010 nos espera una intensificación de los conflictos sociales porque aumentaron las expectativas y se redujo la capacidad de cumplirlas.

-Ahí entra en juego la capacidad represiva.

-Exacto. El Gobierno ha creado una estructura paramilitar (la Reserva, los grupos armados, las FABL). El peligro es que al aumentar las protestas, el Gobierno comience a utilizar a esos grupos. Por ahora, para reducir la conflictividad social, busca la sumisión de los medios de comunicación. El caso es muy descarado, se habla de unos supuestos delitos judiciales, pero Chávez dice que les pueden dar la oportunidad si ellos cambian. Es un chantaje abierto.

-¿Que posibilidad de maniobra tiene la oposición?

-Es un poco cómodo decirle a los partidos, que están tratando de sobrevivir, que hay cosas que están haciendo mal. El antipartidismo que heredamos de los 90 todavía es muy grande. Creo que, haya o no elecciones, tiene que haber un cambio de estrategia. En 2010, para que tener una esperanza de vencer al Gobierno, debe haber listas comunes, pero a muchos les cuesta reconocer que hay partidos que sólo existen por los medios de comunicación. La tarjeta única puede ayudar a esa sinceración. Con el sistema electoral mayoritario que plantean ningún partido minoritario tiene chance.

-Parece que ya hay control absoluto y que no hay salida.

-Chávez no ha logrado totalmente la sustitución de las FAN. Creó la Milicia, la Reserva, los paramilitares, pero todavía no ha podido cambiar la forma institucional de las FAN y eso le crea algo de miedo, por eso la aceleración que le está dando a su proyecto. El sabe que su mecanismo de legitimación por la distribución se está debilitando.

-¿Puede sobrevivir un régimen así en la América Latina moderna?

-El comunismo cayó básicamente porque se hizo una sociedad inviable, pero para llegar a eso tardó 70 años. Aunque en teoría el socialismo es inviable, un Estado bien montado para reprimir a la población puede compensar esa inviabilidad económica. Eso lo vimos en Cuba. El proceso de inviabilidad puede hacerse mucho más rápido en Venezuela, pues lo que favoreció tanto al chavismo fue esa renta que creció mucho en pocos años. Al caer esa renta se hace más inmediata la inviabilidad.

Elvia Gómez
EL UNIVERSAL

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